En el Coaching Ontológico, entendemos que el lenguaje no es inocente; el lenguaje es generativo. No solo describe la realidad, sino que crea realidades nuevas.
Si quieres resultados diferentes en tus relaciones, necesitas empezar a usar lo que llamamos “actos lingüísticos” de forma consciente. El acto fundamental para coordinar acciones con otros es El Pedido.
Un pedido no es una exigencia, ni un favor que se suplica desde la carencia. Es una herramienta de diseño de futuro.
Aquí tienes 3 claves fundamentales para dejar de esperar y empezar a pedir con efectividad:
1. Transforma la queja (pasado) en petición (futuro)
La queja es pasiva y mira hacia atrás. Frases como “siempre dejas todo tirado” o “nunca me escuchas en las reuniones” te mantienen en un rol de víctima y drenan la energía de cualquier vínculo.
El reto que te propongo es: cada vez que sientas una queja en la punta de la lengua, detente y pregúntate: ¿Qué pedido se esconde detrás de esta queja?
La queja describe un problema; el pedido construye una solución.
2. Condiciones de satisfacción: La clave de la claridad
Este es el error número uno por el que fallan nuestros intentos de comunicación. Hacemos pedidos vagos y luego nos enojamos por resultados pobres.
Decir “Quiero que seas más considerado” o “Necesito que te pongas la camiseta en el trabajo” NO son pedidos efectivos. Son deseos abstractos sujetos a interpretación.
Para ti, “considerado” puede significar que te abracen al llegar.
Para la otra persona, puede significar lavar tu coche el fin de semana.
Ambos tienen buenas intenciones, pero no se encuentran. Para que un pedido funcione, debe tener condiciones de satisfacción claras.
Sé específico y medible:
“Me gustaría pedirte que, cuando llegues del trabajo, dediquemos los primeros 15 minutos a conversar sobre nuestro día antes de encender la televisión. ¿Es posible para ti?”
3. Verifica la aceptación (El poder del “Sí”)
Un pedido lanzado al aire no es un compromiso. Es solo ruido.
En el Coaching Ontológico, enseñamos que el ciclo del compromiso solo se cierra cuando el receptor acepta el pedido. Y aquí viene lo difícil: para que sea un pedido legítimo, el otro debe tener la genuina libertad de decir “Sí”, decir “No” o negociar.
Si el otro no tiene permiso para negarse, no estás pidiendo; estás ordenando (y eso tiene otros costos emocionales).
Asegúrate de escuchar un “Sí, me comprometo” antes de dar el tema por cerrado. Si no verificas esa aceptación, sigues viviendo en el terreno de la expectativa y es probable que vuelvas a terminar sentado en el banco del esqueleto.