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La mayoría de nuestras frustraciones no vienen de lo que los demás hacen, sino de lo que nosotros no pedimos. Aprende las 3 claves para dejar de asumir y empezar a diseñar conversaciones que sí funcionan.

Coaching Ontológico: Cómo transformar expectativas frustradas en pedidos efectivos

Nos reímos al ver la imagen, claro. Es un meme. Pero si somos honestos, esa risa tiene un fondo de verdad incómoda.

¿Cuántas veces te has sentido exactamente como ese esqueleto? Sentado en el banco de la espera, acumulando polvo y frustración, deseando con todas tus fuerzas que tu pareja, tu jefe o tu amigo simplemente supieran lo que necesitas, sin que tú tengas que pasar por el “trago amargo” de decirlo.

En mi práctica acompañando personas en Meta Humano, veo que este es uno de los mayores saboteadores de las relaciones y el bienestar personal. El silencio no siempre es paz; a menudo es una bomba de tiempo.

Hoy quiero invitarte a bajarte de ese banco utilizando una de las herramientas más poderosas del Coaching Ontológico: el arte de hacer pedidos efectivos.

La trampa de la expectativa muda

El problema del “esqueleto” de la imagen es que vive en el mundo de las expectativas, no de los acuerdos.

Desde la mirada ontológica, una expectativa es como una película privada que proyectas en tu mente. Tienes un guion perfecto de cómo el otro debería actuar, qué debería decir y cuándo debería hacerlo. El problema es que el otro actor nunca recibió ese guion.

Cuando la otra persona no cumple su papel (que desconoce), surge el resentimiento. Pensamos: “Si le importara, se daría cuenta”. Pero esta lógica es una trampa: estamos esperando telepatía en lugar de utilizar la herramienta humana por excelencia: el lenguaje.

¿Qué dice el Coaching Ontológico sobre el pedir?

En el Coaching Ontológico, entendemos que el lenguaje no es inocente; el lenguaje es generativo. No solo describe la realidad, sino que crea realidades nuevas.

Si quieres resultados diferentes en tus relaciones, necesitas empezar a usar lo que llamamos “actos lingüísticos” de forma consciente. El acto fundamental para coordinar acciones con otros es El Pedido.

Un pedido no es una exigencia, ni un favor que se suplica desde la carencia. Es una herramienta de diseño de futuro.

Aquí tienes 3 claves fundamentales para dejar de esperar y empezar a pedir con efectividad:

1. Transforma la queja (pasado) en petición (futuro)

La queja es pasiva y mira hacia atrás. Frases como “siempre dejas todo tirado” o “nunca me escuchas en las reuniones” te mantienen en un rol de víctima y drenan la energía de cualquier vínculo.

El reto que te propongo es: cada vez que sientas una queja en la punta de la lengua, detente y pregúntate: ¿Qué pedido se esconde detrás de esta queja?

  • En lugar de la queja: “Es que nunca tenemos tiempo de calidad para nosotros”.

  • Haz un pedido efectivo: “¿Te parece si agendamos una cena sin celulares para el próximo jueves a las 20:00 horas?”

La queja describe un problema; el pedido construye una solución.

2. Condiciones de satisfacción: La clave de la claridad

Este es el error número uno por el que fallan nuestros intentos de comunicación. Hacemos pedidos vagos y luego nos enojamos por resultados pobres.

Decir “Quiero que seas más considerado” o “Necesito que te pongas la camiseta en el trabajo” NO son pedidos efectivos. Son deseos abstractos sujetos a interpretación.

  • Para ti, “considerado” puede significar que te abracen al llegar.

  • Para la otra persona, puede significar lavar tu coche el fin de semana.

Ambos tienen buenas intenciones, pero no se encuentran. Para que un pedido funcione, debe tener condiciones de satisfacción claras.

Sé específico y medible:

“Me gustaría pedirte que, cuando llegues del trabajo, dediquemos los primeros 15 minutos a conversar sobre nuestro día antes de encender la televisión. ¿Es posible para ti?”

3. Verifica la aceptación (El poder del “Sí”)

Un pedido lanzado al aire no es un compromiso. Es solo ruido.

En el Coaching Ontológico, enseñamos que el ciclo del compromiso solo se cierra cuando el receptor acepta el pedido. Y aquí viene lo difícil: para que sea un pedido legítimo, el otro debe tener la genuina libertad de decir “Sí”, decir “No” o negociar.

Si el otro no tiene permiso para negarse, no estás pidiendo; estás ordenando (y eso tiene otros costos emocionales).

Asegúrate de escuchar un “Sí, me comprometo” antes de dar el tema por cerrado. Si no verificas esa aceptación, sigues viviendo en el terreno de la expectativa y es probable que vuelvas a terminar sentado en el banco del esqueleto.

Conclusión: Tu voz crea tu realidad

Nadie tiene una bola de cristal. Y aunque suene poco romántico, la claridad es una profunda forma de amabilidad. Le ahorra al otro la ansiedad de tener que adivinar y te ahorra a ti la frustración de la espera eterna.

Dejar de ser el esqueleto del banco requiere valentía. Requiere la vulnerabilidad de exponer lo que necesitas. Pero te aseguro que la calidad de tus relaciones (y de tu vida) al otro lado de esa conversación incómoda, vale la pena.

El lenguaje no es inocente. No solo describe la realidad, sino que la crea. A través de nuestras conversaciones, o de la falta de ellas, diseñamos el futuro de nuestras relaciones.

Las expectativas no comunicadas son resentimientos premeditados.

Nuestros avales y aliados

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