01 · Los límites que no nos permitimos — Resonancias Humanas
Resonancias Humanas
01 PRIMER
EPISODIO
6 MIN

Los límites que no nos permitimos

Nadie nos prohibió nada. La prohibición ya estaba adentro, hecha de permisos que nunca nos dimos.

Portada del episodio 01 — Los límites que no nos permitimos
00:00EP. 0106:34

Casi siempre decimos que sí para no dejar de pertenecer.

Cada favor que aceptamos sin tiempo, cada mensaje que respondemos un domingo por la noche, tiene detrás la misma pregunta silenciosa: ¿qué pasará si digo que no? Miedo al conflicto, a decepcionar, a que piensen que cambiamos. Y así seguimos diciendo que sí, aunque por dentro llevemos tiempo diciendo que no.

En este primer episodio hablamos de la culpa que aparece cuando por fin ponemos un límite, y de por qué esa culpa no siempre significa que algo esté mal. Cerramos con una pregunta que quizás también te resuene: tú cuidas a todos, ¿y quién cuida de ti?

Recorrido

Muy buenos días, muy buenas tardes, muy buenas noches, desde donde te encuentres. Bienvenido al episodio número uno, titulado Los límites que no nos permitimos. Y cuando hablo de límites, me refiero a una herida que muy pocas veces es nombrada. No me refiero a la herida del miedo al fracaso, tampoco a la herida del miedo al rechazo. Es más bien una herida más silenciosa, y tiene que ver con el miedo a decir que no. Esto es Resonancias Humanas, el podcast de Meta Humano.

Por favor, acuérdate cuántas veces dijiste que sí, cuando por dentro querías decir que no. Ese mensaje de trabajo que llega un domingo por la noche: tú lo lees, sabes que no quieres responder, sabes que ese momento es tuyo, de tu familia, de tus hijos, de tu pareja, o simplemente es tuyo, y aun así respondes. O ese favor que aceptas aunque ya no tienes tiempo, o esa reunión que no te correspondía pero terminas organizando tú.

Y casi siempre encontramos una muy buena justificación: esto es importante, me necesitan, no pasa nada, yo puedo, después descanso. Y los demás también ayudan a construir esa historia: muchos lo llaman compromiso, las empresas también lo llaman generosidad, responsabilidad, ser buena persona, e incluso nosotros mismos terminamos creyéndolo.

Pero a veces decir que sí no tiene tanto que ver con querer ayudar; tiene que ver con lo que creemos que ocurrirá si decimos que no: que alguien se moleste, que alguien se decepcione, que haya un conflicto, que piensen que tú eres egoísta, que haya represalias, que alguien diga “antes tú no eras así”. Y de esta manera seguimos diciendo que sí, aunque por dentro llevemos mucho tiempo diciendo, gritando, que no.

Y aquí aparece algo todavía más extraño: a veces sabemos perfectamente que necesitamos decir que no, sabemos que estamos cansados, sabemos que no tenemos tiempo, sabemos que ese pedido es demasiado, y aun así nos sentimos mal por decir que no. ¿Cuál será la razón?

Muchas veces no aprendimos solamente a ayudar; aprendimos que ayudar nos hace buenos, que estar disponibles demuestra compromiso, que decir sí demuestra cariño, y en el fondo, que ser útiles nos ayuda a pertenecer, a sentir que tenemos un lugar, a sentirnos queridos, a sentirnos apreciados.

Por eso, cuando un día decidimos decir “no puedo, no quiero, esta vez no”, no siempre estamos luchando solamente contra el pedido del otro: estamos luchando contra algo mucho más profundo, el miedo a dejar de pertenecer. Y entonces aparece la culpa, porque una parte de nosotros muchas veces piensa: si dejo de dar, ¿seguirán queriéndome?

Bert Hellinger, el padre de las constelaciones familiares, decía algo muy interesante sobre este sentimiento de culpa: aparece cuando empezamos a hacer algo diferente a lo que aprendimos, porque desde muy temprano aprendemos qué tenemos que hacer para que nos quieran. Aprendemos a ayudar, a estar disponibles, a no decepcionar, a decir que sí incluso cuando queremos decir que no. Y cuando empezamos a hacerlo diferente, aparece esta culpa. Pero sentir culpa no necesariamente significa que estés haciendo algo malo; a veces significa que estás haciendo algo que antes no te permitías hacer, y aprender a tolerar esta incomodidad también puede ser una gran parte de tu crecimiento.

Poner límites no significa dejar de estar para los demás; significa también aprender a estar para nosotros, para ti mismo, para ti misma. Mientras te comparto todo esto, me acuerdo de un cuento. Trata de una casa que siempre daba espacio, una casa que cuidaba de todos, una casa que siempre encontraba un lugar para alguien más, hasta que un día se sintió cansada, y entonces escuchó una pregunta que le resonó profundamente, y es muy probable que también te resuene a ti.

La pregunta es la siguiente: ¿tú cuidas a todos? ¿Y quién cuida de ti? No quiero contarte mucho más, porque prefiero que tú entres en la historia de esta casa, que descubras qué aprendizaje profundo tuvo. El cuento se llama La casa sin puertas, es de apenas 3 minutos de lectura, y al final encontrarás unas preguntas para mirar tus propios límites desde otro lugar. Te invito a entrar a este cuento — la dirección es meta-humano.com/relatos.

Confío en que este tema que conversamos el día de hoy te acompañe, y que de alguna manera genere ese pequeño movimiento interno que necesitas en este momento. Esto fue Resonancias Humanas, el podcast de Meta Humano. Soy Walter Almendares y nos vemos en el siguiente episodio. Hermosa tarde, hermosa noche, hermosa mañana. Que estés muy bien.

“Tú cuidas a todos,
¿y quién cuida de ti?”
MIN 05:11
EP. 01
Walter
Sobre el host

Walter acompaña procesos de cambio desde hace diez años. Resonancias Humanas es su cuaderno en voz alta.

Un episodio nuevo cada dos jueves